La vuelta del vinilo: el retorno del héroe

El vinilo está de vuelta, es una realidad. El romanticismo que le envuelve, el diseño de las portadas así como toda la historia que tiene detrás uno de los soportes que ha conferido mayor calidad a la música a lo largo de la historia han sido aspectos decisivos que han influido, sin duda, en su retorno.

En este reportaje hablamos con Vicente Fabuel, dueño de la tienda de vinilos ‘Discos Oldies’, Enrique Vila, pinchadiscos que regentó el pub de rock ‘Malafama’ en los 80 y Manolo Sanchis, coleccionista valenciano de más de 8000 piezas. Colocamos la aguja sobre el plato… ¡Empezamos!

ENLACE AL PODCAST: https://fr.ivoox.com/es/vuelta-del-vinilo-realidad-audios-mp3_rf_26581051_1.html

Para anunciar la publicación de este reportaje, desde el perfil de Twitter de Circuito Tocadiscos (@c_tocadiscos) se lanzó el hashtag #MiViniloFavorito. Una propuesta que ha tenido una gran acogida por parte de los seguidores. Recordad que podéis continuar participando para hacer crecer mucho más esta impresionante colección de discos que estamos creando poco a poco entre las piezas más valoradas de cada uno de vosotros. Grandes clásicos, referencias locales y géneros que versan desde el pop pasando por el punk y el rock están haciendo de la biblioteca de Circuito Tocadiscos una verdadera joya. ¡Larga vida al vinilo! 

Escenarios vacíos de mujeres

Uno de los libros sobre historia de la música del siglo XIX del musicólogo Ulrich Rühle que leí recientemente empezaba su prólogo excusándose de la inexistente presencia de mujeres compositoras así: “La situación de la mujer en la sociedad era diferente a la actual. En el barroco, la mujer ni siquiera podía cantar en público. […] Las posibilidades de las mujeres para estudiar y desplegar su talento no eran muy grandes. Los críticos decían con cierta razón que las mujeres eran incapaces de componer obras mayores y los editores tampoco estaban dispuestos a invertir en ellas”. Era su modo de disculparse, quizá, por presentar un ensayo plagado de indiscutibles iconos históricos europeos con un pequeño (gran) detalle en común: ser hombre.

El pasado 29 de marzo se celebró en Benicàssim la quinta edición de uno de los mayores eventos de música indie nacional en nuestro país con el que, además, se da el escopetazo de salida a la temporada de festivales, el Sansan Festival. Para un festival de tales dimensiones ha sorprendido el género del cartel, visiblemente masculino. 124 han sido los artistas que han atestado los escenarios durante tres intensas jornadas de música sin pausa. ¿El número de mujeres? Solo 3. Dos, EME DJ y Rocío Saiz pertenecientes a las sesiones DJ’s y una baterista. La banda de rock alternativo Rufus T. Firefly se consagró como la única en llevar una mujer músico entre sus miembros, la batería Julia Martín Maestro. La única que pisaría un escenario del festival. Curiosamente, esta también resultó ser una de las propuestas más interesantes y originales del cartel según diferentes medios especializados de la crítica de música indie. ¿Coincidencia?

Diferentes asociaciones relacionadas con la industria musical y la mujer ya alertaban de la situación antes, incluso, de que el evento diera comienzo. La plataforma Mujeres y Música comenzó, a mediados de marzo, una campaña para visibilizar la situación a través de sus redes sociales y los hashtags #SinMujeresNoVoy y #SinSinFestival. Pero lo peor estaría todavía por llegar. En un festival en el que el porcentaje de mujeres del cartel representaba la ridícula cifra de 2,41 %, su acción comprometida con la mujer fue la de dejar toallas rosas en los camerinos de las bandas como símbolo de apoyo al feminismo. La polémica estaba servida, y fue precisamente el grupo de Rufus T. Firefly el primero en reivindicar a través de su Instagram “más mujeres sobre los escenarios y menos toallas rosas”.

¿Solo en el Sansan Festival?

La casi inexistente presencia de la figura femenina en la escena musical indie o alternativa no es ninguna novedad todavía a día de hoy. A pesar de tratarse del modelo de espectáculo que más consumen los jóvenes y por el que más se está apostando en los últimos años, la misma historia se repite una y otra vez. Los datos lo demuestran. Según las informaciones de la asociación Mujeres y Música, su último análisis revela que de 18 de los festivales alternativos más multitudinarios de 2017, únicamente un 10,5 % de artistas eran mujeres.

dims    Gráfico situación de la mujer en los festivales españoles de 2017/ Fuente: Mujeres y Música.

Algunos de los grandes argumentos para explicar esta situación de desventaja es el de que las mujeres no tocan. Sorprende a veces que este razonamiento salga de la boca, incluso, de las propias mujeres artistas. La teclista de Dorian, banda que participa en los festivales alternativos más importantes del país año tras año, así lo corroboraba: “Creo que es un problema de educación, una cuestión cultural. No hay chicas en la música. ¿Y por qué? Quizás porque la sociedad te empuja hacia otros sectores”.

En el caso de las agrupaciones originales de la Comunitat Valenciana la situación tampoco difiere demasiado, sin embargo las propuestas están ahí y cada vez van cobrando más fuerza. Júlia es un dúo de chicas de Alcoi que su último trabajo de dreampop se ha posicionado como mejor disco de la Comunitat de 2017, según la revista musical especializada Mondo Sonoro. El dúo también denuncia el panorama de la escena musical valenciana participando en el colectivo ‘Hits with Tits’, una iniciativa que se vuelca en la visibilidad de la mujer en el panorama musical. “Hay una gran cantidad de artistas femeninas realizando buenos proyectos pero no se les concede la oportunidad de participar en los escenarios tanto como a los hombres. Las mujeres estamos aquí, con nuestro talento, para lanzar propuestas que valen la pena y que tienen un gran coste detrás”.

La escena musical está cambiando, las propuestas de mujeres artistas están ahí y los proyectos se encuentran en total efervescencia. Ahora el turno es de la industria por cambiar el rumbo de las cosas y de la historia que leemos en los libros, para que con suerte en un futuro, ningún musicólogo tenga que comenzar un ensayo disculpándose.